lunes, 1 de junio de 2026

La fila que nunca debió existir

Opinión invitada 

Por: Juan Ubaldo Sosa 

La semana que recién finaliza, accidentalmente  fui testigo de una escena que me produjo vergüenza e indignación.

En un abarrotado salón del Ilustre Colegio Médico Dominicano,  estaban cientos de médicos pensionados tratando de regularizar su status de pensionados para recibir  el reajuste que les corresponde por derecho.  

No eran personas cualesquiera. Eran hombres y mujeres que dedicaron su vida a salvar vidas, maestros de la medicina, profesionales que honraron el nombre de la República Dominicana dentro y fuera del país.

Muchos estaban en sillas de ruedas. Algunos ciegos. Otros amputados o gravemente enfermos.  Y allí estaban, esperando, gestionando y suplicando a los funcionarios del ministerio de Hacienda lo que el Estado debería garantizarles con dignidad.

Aquella imagen me hizo comprender una dolorosa realidad: los médicos no son ricos, y muchos servidores públicos terminan sus vidas enfrentando dificultades después de haber entregado sus mejores años al servicio de la nación.

No se trata de culpar a un gobierno ni a un partido político determinado. Se trata de reconocer que existe una falla estructural que debe corregirse con urgencia.

También es momento de cuestionar una práctica que hiere el sentido de justicia de cualquier ciudadano: la distribución de pensiones como recompensa política, mientras personas que realmente dedicaron su vida al servicio público deben atravesar interminables obstáculos para obtener lo que legítimamente les corresponde.

Las pensiones no deben ser instrumentos de clientelismo político.

Ninguna nación puede aspirar a la grandeza mientras sus héroes envejecen haciendo filas para reclamar derechos.   La verdadera grandeza de un país no se mide por sus edificios, ni por sus discursos, ni por sus estadísticas económicas.

Se mide por la forma en que trata a quienes lo dieron todo cuando ya no tienen fuerzas para seguir dando.  Y lo que vi aquella mañana me hizo comprender que todavía tenemos una deuda enorme con quienes dedicaron su vida a cuidar la nuestra.


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