La renuncia del departamento de comunicación de Coramon, de su incumbente Araceli Peña, sin qué el barco terminará de hundirse, no ha sido bien recibida por la sociedad, para muchos, ésta se le adelantó a la situación lo que pone en dudas criterios personales.
Un hecho de contexto sensible para el pasado administrador de ésta institución del Estado, Roque Badia, ahora con la renuncia precipitada de su encargada de Relaciones Públicas las cosas comienzan a tener sus cuestionamientos todo, por la forma y momento en qué lo hace.
La renuncia presentada a destiempo deja un mensaje poco alentador en términos de responsabilidad y compromiso institucional, pues lejos de contribuir con la estabilidad emocional de Roque Badia, le abre un capítulo de dudas y sospecha a la población que obligar a las autoridades competentes a prestar atención a las denuncias de corrupción y robos en Coramon.
Araceli Peña, no debió tan precipitadamente renunciar procurando hacerse graciosa, pues con la misma, se hace cómplice de lo que ya se ha denunciado, debió esperar a que se esclarezcan los hechos o que oficialmente la nueva administración la despidiera es así como se actúa cuándo a las instituciones públicas se le respeta.
El orgullo cuándo se desborda, se convierte en uno de los peores enemigos del hombre, pues sucede, que no se escucha, no se reconocen errores, la persona se embrutece, por lo qué a veces, es mejor escuchar verdades, que escuchar aplausos.
Recordar siempre, un poquito de orgullo es sano en la persona, pues da dignidad, da amor propio y nos da, sentido de identidad.


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